Luisa Fontán

En primavera, en Madrid, mientras los Beatles tocaban Love me do en Hamburgo y Heinrich Böll escribía Opiniones de un payaso, nació Luisa Fontán Bos. Le encantan los secretos y cuando era pequeña los atesoraba, escritos en papeles, dentro de una caja de madera azul con una estrella morada en la tapa. Desde que cogió el primer lápiz para aprender a juntar la m con la a, le gustan las palabras que encierran olores, sabores, sonidos, y ahora las escoge de un montón que hay en una esquina de la buhardilla donde escribe. Hace unos años que dejó de trabajar por dinero y, mientras miraba la parra y las hortensias del patio de atrás, pensó que era un buen momento para hacer lo que más le gusta: estudiar, leer y escribir historias. A pesar de que lleva escritas unas cuantas, Los bichos bola es la primera que se imprimirá en un libro ilustrado. Dice que lo soñó. A los nueve años. En una noche de final de verano en que se despertó al oír cómo paría una gata. No está segura si fue en la ladera del monte Abantos o en el camino del faro de Fuenterrabía. Le encantaría volver a vivir en el centro de su ciudad, aunque todos sabemos que le costaría mucho prescindir del gorrión que de cuando en cuando se posa en la vieja catalpa que ve desde su cama, o de las montañas y los tejados que se asoman por el tragaluz sobre su escritorio. Bos significa bosque en holandés.

Libros publicados

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“Yo no le tengo miedo a nadie, perro feroz. Porque tengo un mensaje de una botella correo.”

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“—Poka… Pokita…, ¡me encantaría jugar al fútbol!”

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“—La noche es nuestra amiga, no hay por qué tenerle miedo.”

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“¡Auuuh auuuh, mis zorros pequeñines! ¡El chocolate caliente está servido!”

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“para salvar a la humanidad basta con mirar dónde se ponen los pies”

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“Hasta el día del bosque había pensado que siempre sería pequeña”

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“Quisiera tener…

La voz de la ballena que canta y es oída a un océano de distancia”.